Este texto nos ofrece una narración de la misión de los discípulos de Jesús, aquellos que convivieron con él entre el bautismo de Juan y la ascensión, constituidos en testigos pascuales (d. Hch 1,22) que, con el poder del Santo Espíritu, le abrieron rutas inéditas al Evangelio «en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”.