«Cuando pensamos en la sinodalidad nos referimos a una propiedad, a una característica propia del cuerpo eclesial, que cualifica su forma histórica… El Concilio [Vaticano ll] ha vuelto a colocar en el centro de la autodefinición de la Iglesia al Pueblo de Dios que vive su naturaleza comunitaria en y a través de relaciones comunicativas multidireccionales, en las que todos los bautizados son sujetos.»