Si bien la participación de los laicos en la Iglesia ha crecido, todavía hay aspectos por mejorar. Una Iglesia sinodal que reconoce la corresponsabilidad diferenciada, donde cada uno ofrece su servicio de forma diferenciada, requiere la articulación de carismas, vocaciones y ministerios, basándose en que todos somos iguales en dignidad. Esta articulación es una tarea del clero que requiere apertura, propiciar espacios de formación y participación, así como claridad de la complementariedad como necesaria para llevar la Buena Nueva a más personas. Es necesario normalizar la participación de los laicos en la Iglesia sobre todo como bautizados y por lo tanto miembros del cuerpo de Cristo.
El mayor reto en el reconocimiento del liderazgo de las mujeres y el laicado exige un cambio tanto en el clero, como en los laicos, ya que hay muchos que aún dependen de las decisiones del sacerdote, esperan que proponga y dirija acciones pastorales; es importante trabajar en la corresponsabilidad que tenemos como bautizados, no se trata solo de participar en acciones propuestas por el sacerdote sino también en procesos de discenimietno comuntiario, de diálogo y en la toma de decisiones.
La autoridad en clave sinodal conlleva necesariamente el ejercicio de esta como un servicio que brinda el clero, convirtiéndose así en coordinador que propicia el discernimiento, la escucha y la toma de decisiones en comunidad.
¿Surge la interrogante cuanto realmente quiere comprometerse el laico en el servicio a la Iglesia?