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Testigos de la misericordia del Padre

La vida consagrada es un don del Padre, por medio del Espíritu Santo, a la Iglesia; es un camino especial de seguimiento de Jesús; está convocada a ser discípula, misionera y servidora del mundo; es testigo de que sólo Dios basta para llenar la vida de sentido y de gozo.
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